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Raúl Paz: “Soy más gente que ciudad, y por eso hago canciones

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A Raúl Paz le encantan los regresos, volver a empezar, volver a decidirse entre canciones y poesía, enredarse entre la gente, el recuerdo, las ciudades, la soledad y el misterio que es la vida, pero, lo que más le gusta es volver a los sueños, a decirnos y cantarnos “yo estoy aquí”.

En realidad, nunca se fue, estuvo desde la distancia, la observación, estuvo “escondido” sin estarlo, porque como ha dicho en otra entrevista y no esta, ha tenido tiempo “para crear mucha música y reinventar algunos aspectos y quitar otros”.

Confieso algo: He puesto en bucle toda su discografía. Toda, hasta la canción más vieja. Me la he inyectado en vena en un par de madrugadas y he recordado cada concierto en el que estuve cerca y lejos de él, metido en un público que a veces se mostraba eufórico con Carnaval y otras, lloraba con Azul.

Yo era de esos, de los que no se arrepentía ni un segundo de estar en sus descargas, de los que se iba a Gibara, a las Romerías de Mayo, al Pabellón Cuba y hasta cantaba-gritaba con otros chamas desde la multitud. Aquellas eran horas donde poco importaba el calor, la gente aplastándote, el sudor. Eran horas de energía y canciones ciertas, y esa certeza, era lo más divino de todo. Raúl es un tipo que está lleno de versos y demonios, y por ellos se guía para escribir sus canciones, no se plantea ningún plan como seguimiento, cada tema los hace diferente, hay algunas donde la música llega primero, en otras las letras salen de un tirón. Hoy, en abril del 2021, nos mira otra vez con canciones, lo que más sabe hacer.

Es El Puente (Bis Music) el nuevo pretexto, el disco que más se parece a él, según ha confesado. Estuvo más de un año sin aparecer, así lo decidió, y la pandemia también influyó. El fonograma es la banda sonora de la próxima telenovela cubana Volver a mirar, dirigida por su amigo Ernesto Fiallo.

“El tiempo pasa rápido y no nos deja espacio para mucho más. He estado aquí. Un poco cansado de la ligereza del arte actual, pero aquí cerca, hasta cuando tenga cosas que decir”, me escribe por WhatsApp casi a las dos de la madrugada hace pocos días, horas después de que se hiciera oficial el lanzamiento de su nuevo disco el 2 de abril.

Por supuesto, no vamos a engañar a nadie, El Puente es el motivo de lo que viene. Pero aclaro, no es ese lo que más mueve este concierto de palabras de Raúl Paz. De fondo, hay otras verdades, que se traducen en deudas musicales, el por qué de este camino y lo difícil que ha sido tratar de ser libre. De eso se trata, de libertad, y ese riesgo de atravesar por varias zonas musicales y saber estar, saber lo que le aporta.

Hablemos primero de este puente musical…

“Está escrito para una telenovela donde los personajes están obligados a mirar sus vidas desde perspectivas bien precisas. Y porque creo que estamos en un momento donde todos deberíamos hacerlo también. En todo caso, a mí me hace mucho bien. Llegó esta propuesta y Fiallo me propuso trabajar otra vez juntos. Luego la pandemia y sus soledades y encuentros con uno mismo”, es su primera respuesta del chat.

No es la primera vez que Raúl brinda su música a telenovelas. Antes lo hizo con su disco Vidas, concebido para la telenovela cubana En tiempos de amar, y La otra esquina, en el que se recogieron los temas para la propuesta del mismo título. Pero ese deseo de componer para audiovisuales llegó muchos años antes, en pleno 1990, cuando actuaba para el filme Hello Hemingway, de Fernando Pérez. No hizo cine por la paciencia que eso requiere, prefirió hacer música, aunque esa experiencia le encantó.

“Realmente es un puente hacia lo que no sé que será mi vida y mi arte. Mi vida siempre estará inspirada en el presente y mi presente es todo eso. Un mundo musical cada vez más urbano pero falto de cariño”, responde Paz, mientras intenta explicarme que este es un disco muy íntimo pero tiene sonidos muy urbanos. Y esto se debe, buena parte, a trabajar junto a DJ Italo, un “maestro y estrella del género”.

“Me siento como un imprescindible elemento en la dramaturgia de la telenovela. No son canciones escogidas, sino surgidas de las primeras impresiones después de leer la historia. Trabajar con Fiallo es muy natural y fácil. Sabe lo que quiere pero te deja inspirarte a tu forma”.

Tengo cosas que decirte… tengo poesía que me salvan cada vez que tengo que ser libre

Antes de ser lo que es hoy, cantautor, productor musical, director, y también padre, fue un niño que soñó volar y sacar lo que tenía dentro. “La música clásica me dio la posibilidad de asegurar mis sueños. La necesidad de interrogarme siempre, empezó en la infancia y trato de no dejarla ir”.

Ha dicho otras veces que no cuenta las historias de sus canciones y esa realidad se mantiene: “Está por salir un pequeño libro de cuentos cortos que escribí inspirado en mis propias canciones. Después que están escritas no recuerdo muy bien cuán real fue su historia, así que me la cuento casi siempre de manera diferente”.

Raúl deja de escribir en el chat, deja en pausa todo, a medias el cuestionario. Días después prefiere mandarme audios y me responde con esa sinceridad que no esconde en su voz. Aquella madrugada lo último que dejó claro fueron sus deudas con la música y la poesía: “Es infinita. Me acompañan cada día o segundo de mi vida, pero soy libre… Un ser que trata de ser lo más libre posible y en esa búsqueda constante de libertad, la música es mi cómplice más fiel”.

A veces hay locura en mí para escapar de toda la razón de vivir casi todo igual

Dice Raúl que el propio camino es lo más difícil: “Ha sido tratar de establecer un estilo propio, encontrar cómo decir las cosas de una manera particular y real, partiendo de la honestidad de cada cual. Uno siempre empieza con influencias por todos lados y llega el momento en que logras o no, encontrar una vía, que sea la vía individual de cada persona.

“A pesar de que soy muy inquieto, no me gusta encasillarme en un género. Sí trato, a pesar de que sea un abanico bastante amplio, de que cuando la gente escuche, digan ´ese es fulano de tal´, de identificarme con un camino, mantenerse ahí durante mucho tiempo y que todavía haya gente que quiera escucharte”, añade.

Si creemos plenamente en sus canciones, Raúl se enamoró a los 15 años, viene directo del “69″, y perdido en la ilusión se alimentó de luces y escenarios: “Hago esta profesión por dos cosas fundamentales: por escribir, por decir las cosas que puedo escribir, y dos, porque me gusta subirme en un escenario, porque es un momentico de libertad que tengo de ser realmente yo, o en todo caso, el otro, y ser durante un momento el puente entre el Raúl que escribe las canciones y el público”.

“Para mí el escenario es de mucha energía, donde hay que gestionar esa energía que se crea, entre el público y tú, y eso es algo que me gusta, que me apasiona, que me da adrenalina, me hace sentir muy bien. Rituales no tengo mucho, trato de no pensarlo y hablo mucho antes de salir, hablo con los músicos, estoy en mil cosas, para no tener que pensar en ese momento”.

Hay una Habana que se va pero que no se olvida, hay una Habana que no duerme hasta el otro día…

Paz nació en Pinar del Río, la ciudad de la que habla con orgullo y en la que vivió hasta los 16 años, pero en La Habana del calor, tabaco, sonrisa y poesía, ha vivido mucho más, y le ha cantado varias veces. “El hecho de que sea capital la hace diferente a las demás, porque es un compendio de todas. Es una gran ciudad, muy linda e inspiradora.

“Lo que más me gusta de La Habana son los colores y cómo la gente interactúa con la ciudad, y siempre me ha parecido eso, como un ejemplo de lo que es el cubano, cómo el cubano se mueve. Yo soy más gente que ciudad, me interesa mucho más la gente que las ciudades en ellas mismas, y es por eso que hago canciones.

“El hecho de hayan gente de todos lados, como en cualquiera otra gran ciudad como París, o Londres, o Nueva York, la hace muy rica. Esa es La Habana que yo veo, la que me inspira, la de los balcones, la gente caminando, la de las miradas de las mujeres, la de la guapería de los hombres. La Habana se extraña cuando se está afuera”.

De esa gente de la que habla, de esa gente con swing, que te topas en cualquier lugar, puede que hayan sido alguna vez públicos en sus conciertos. Yo he estado en ese lugar y sé lo que se siente: “El público es un ente vivo. Tú nunca sabes qué publico vas a tener, sea un público de fans, o sea un público que no te conoce para nada, no sabes lo que va a pasar.

“Y eso es lo rico de la cosa. Lo más interesante con el público, creo que es dejarlo fluir, esperar, ver qué pasa. Es como una conversación que tienes que estar ahí pendiente y a través de las cosas que van pasando, lo vas agarrando o lo vas perdiendo. Alguna que otra vez lo pierdes, yo tengo la suerte de tener buen contacto con el público, pero porque lo respeto y trato de entender qué quieren en ese momento.

“Hay días que tú estás muy eufórico y el público está para otra onda y hay días que es todo lo contrario, estás súper suave y el público quiere fiesta. La idea es encontrar un punto de entendimiento entre los dos, entonces tú los manipulas, ellos te manipulan, y van entrando en una especie de compromiso democrático y eso es lo que más me gusta”, describe.

Vengo a cantar canciones a mi manera

La última vez que Raúl Paz se subió a un escenario fue hace relativamente poco, en medio de la pandemia. “Estuvimos en África en un país que se llama Yibuti, tocando para un evento humanitario. Como siempre fue un concierto interesante, con muchas ganas, porque hacía casi un año que no subíamos al escenario.

“La primera sensación es esa, de volver, de estar ahí, pero después, es una sensación media rara. No se sabe lo que va a pasar en el mundo, no se sabe si eso es lo que haremos esporádicamente. Esa fue la impresión, un poco de nostalgia por un lado, y de alegría por el otro.

Este artista se mueve por diferentes géneros sin riesgos, no tiene miedos, precisamente porque eso fue lo que se propuso desde un inicio: “Fue una de las cosas absolutamente obligadas en mi manera de hacer mi carrera. Siempre preferí quizá jugar menos a no tener tanto público dedicándome a un solo género y machacarlo, como a tener el placer de moverme por otros géneros, las sonoridades musicales, y poderme mover por mi tiempo”.

Otra vez sale la libertad “casi nunca alcanzable por varios motivos, pero siempre en mi caso perseguible, trato de ser lo más libre posible, en cada cosa que hago en mi vida, eso me trae muchísimos problemas pero me trae muchísima satisfacción también. En el caso de la música siempre ha sido un objetivo, de cuidar mi libertad, de poder hacer lo que quiero, como lo entiendo en el momento que quiero. Mi gran placer es poder hacer música, poder comunicar con mi música y eso es lo fundamental”.

Ha pasado mucho tiempo desde aquellos primeros discos, pero dice que el Raúl del 2021 es casi igual: “Quizá con más experiencia, con menos locura, pero sí con las mismas ganas de hacer cosas, de abarcar cosas diferentes, de tener proyectos y más proyectos, yo creo que es infinito y estamos en la vida un poco para eso, para hacer lo más que se pueda teniendo placer haciéndolo. Sigo de la misma manera intentando entender y disfrutar mi época, avanzando junto con ella”.

Yo quiero aire, para vivir, para correr…

Le gusta pasar tiempo con sus hijos y la gente que quiere, cocinar mucho y después el cine: “Ver películas, y escribir. Creo, aunque me queda poco tiempo para hacerlo, es uno de mis grandes placeres. Escribir, escribir no solo canciones, escribir palabras. Hago cuentos, hago muchos cuentos, o ideas, o ensayos, que los guardo para mí.

“Como te comentaba antes, ahora va a salir un pequeño libro de relatos cortos, realmente por la insistencia de amigos, no es algo que hago con fines de publicación, no creo que tenga el talento de un escritor, pero disfruto mucho el estar solo con mis pensamientos, y dejarlos caminar solo, dejarlo que existan por ellos mismos”.

Este camino de la música no se trato de que él eligiera, quizá la música lo eligió a él: “Las cosas que vienen de verdad del fondo, no tienen mucha explicación. Era algo que estaba en mí y tenía que ser ese camino y estaba como decidido, estaba escrito, tenía que pasar, así como ves a alguien que te atrae, que te gusta, o que quieres incluso, y no sabes por qué, realmente no es algo que se tiene que saber. Seguramente hubiese podido escoger otros caminos, este no está mal, y vivo muy bien con él, y creo que puedo ser más útil haciendo este camino porque quizás en otro yo no me lo pasaría tan bien”.

Raúl y la pandemia, ¿qué te ha dejado?: “Cosas que ya sabía y que ya se hablaban pero que no parecían posibles. Pienso que esa sensación de que todo puede cambiar de pronto, que nada es seguro, es exacto, y que la vida es eso, la vida real es un día a día, y de pronto, cuando menos lo esperas… aquí estamos, hay que defenderse y salir adelante.

“Nuestra generación que está viviendo esto, es como un recuerdo, que la vida puede cambiar y que cada mañana hay que levantarse con una ganas de vivir enorme, y de estar presente, no dejar nada para el otro día. De hecho este disco habla un poco de eso, ni de los sentimientos, ni de las cosas que hay que hacer, ni de las cosas que hay que valorar, el día a día es fundamental en la vida de las personas”.

Hay cosas que se sobrentienden, Raúl es un eterno soñador: “Todo lo que hago es porque lo sueño y lo necesito. No te podría decir cuáles sueños. No tiene mucho propósito el sueño de comprarme algo o tener algo, o llegar a algún lugar, va más allá que eso. Son los sueños de ser feliz, de que el mundo vaya mejor, esa posibilidad de soñar todo el tiempo, y que muchas veces con la vejez, cuando la gente empieza a crecer piensa que ya no los necesita. Pienso que hasta el último momento de vida uno puedo soñar, los sueños no necesitan ser realizables, son motores que impulsan cosas”.

No olvides escucharte, cuando vuelvas a empezar… Vuelve a mirar lo que ya hiciste, lo que diste, lo que das, siempre hay cosas que cambiar…

Tomado de: https://medium.com/somos-jóvenes/

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